Si hay guardia de comedor,
esconde el tenedor entre sus muslos.
Si la letrina es orden de asistencia,
asciende al tabique divisorio.
Si a las cuatro asoma un electrodo,
recuerda al hidalgo y sus molinos.
Si hay voz de enfermería,
da positivo en la cordura.
Aquí, entre ladrillos escritos con los dientes,
recupera sus cien calles.
Conoce los adoquines como nadie.
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Jesús Arroyo ©






