miércoles, 3 de diciembre de 2008

¿ IR AL MÉDICO ? ¡ Y UN JAMÓN !




Ayer tocaba visitar a mi querida, que no deseada, doctora de cabecera. Una mujer joven, doctorada hace un suspiro, con unas ganas de comerse el mundo que es placentero estar frente a ella. Gracias a este cuerpo serrano que se inició en las criadillas de mi padre, hago estas visitas cada poco tiempo, pero no soy de esos auto-enfermitos pesados que le dan al vicio de apuntarse a cualquier enfermedad vecinal. ¡Eso nunca!

El caso es que ayer tocaba y allí me presenté, previa cita. La seguridad social que tenemos, siendo una de las mejores que existen en este mundo, te obliga a esperar sentado hasta que una bata blanca, bolígrafo en mano y fonendoscopio al cuello, te nombra confundiéndose en el apellido. Te obliga a estar ojo avizor ya que nombra a siete u ocho pacientes y… o te enteras quien va delante o date por jodido porque luego aparece la espabilada de turno, que suele ser la esposa del jubilado y que ella no va a consulta, diciendo que si yo iba antes que tu, ya que nadie trata de usted y eso es imperdonable. Al tema, llegué quince minutos antes de la hora citada, senté mis posaderas en esa silla culpable de la contractura del día siguiente, abrí el libro de la espera (que no de la esperanza) y me convencí de la larga travesía. Cuarenta minutos después salía esa bata blanca a nombrar mal mi apellido e indicando mi quinto lugar. Eso significaba que aun tendría que esperar como una hora.

Las consultas de este ambulatorio, como en todos, están situadas cual camarotes de cruceros baratos, todas seguidas y por este orden, consulta de la enfermera, consulta del médico de cabecera y consulta del pediatra ¡que miedo! Esto lo hacen para tener clientes, digo… pacientes, porque si no, no tiene otra explicación. A los diez minutos de estar esperando, te das cuenta que comienzas a tener un ligero dolor de cabeza que, en mi caso, por el tamaño de la misma, es un dolor muy aceptable para la investigación de los matasanos. No te duele por el libro que lees, ni por el insano calor que hace, te duele porque, si prestas atención y pierdes el tiempo en mirar a izquierda y derecha, te das cuenta de lo siguiente… a un lado, una docena de abuelitos esperando a la enfermera para toma de tensión, para la cura correspondiente o para la vacuna antigripal. Todos se conocen o hacen que se conocen y tras la pregunta de “¿ha empezado la consulta esta chica?” (pero, coño, si la consulta empieza a las tres y son las seis y pico) comienza un cruce de frases (no es conversación porque no se escuchan) de a mi me pasa y yo tengo y siempre mas grave lo de uno que lo del otro. El volumen de lo hablado va subiendo hasta que solo aprecias un tremendo ruido. Si a esto del margen izquierdo le sumamos lo que ocurre en el ala este…

El ala este, llena de cuellicortos, es la guerra. Niños que gritan “dame la meriendaaaaa”, madres que dicen “ven aquiiiii”, abuelos que le explican a otros abuelos que su hija no puede llegar a tiempo porque es la que mas trabaja de este mundo… Los pequeños, cansados de espera, empiezan a comportarse como en el parque. Suben por encima de las sillas, utilizan las piernas de los que nos encontramos regular para saltar por encima, unos se encargan de quitar juguetes, los robados de gritar “mamáaaaaaaaa me ha quitado el putrifi” , gritos, mas gritos o los mismos multiplicado por cien dB. Pero… son niños y si llamas la atención a uno, el padre o la madre, te recuerda que son niños, como si para nada te sirvieran los ojos. Claro les tienes que decir, “si, si, ellos son niños pero tu, presuntamente, eres padre y si tu te movías en el médico, tu madre te soltaba un pescozón que ya tenias un motivo nuevo para que el médico se preocupara por ti”. La pena es que ya no existen aquellas fotografías que colgaban de todas las paredes grises, de una simpática y uniformada enfermera, cofia incluida, que te mandaba callar y tu padre, si pretendías movilizarte un poco, te cogía del hombro y solo te señalaba aquella foto enmarcada. Eran tiempos de educación.

Continuará, que ahora tengo que irme a comprar la lotería de navidad, es la única manera de no seguir soportando las salas de espera de los centros públicos de salud.

Ah! se me olvidaba. Cuando entré en la consulta de mi amada doctora, me preguntó que si me tomaba la tensión… ¡qué cosas!


Jesús Arroyo
copyright Jesús Arroyo ©

9 comentarios:

Carver dijo...

Uff. pues si eso de ir al medico es un tostón, pero que se le va a hacer no nací Marqués o cosas por el estilo,(por lo de que a don Dinero le atienden siempre primero jajaja).
Y por lo del pescozón, me llamó la atención una noticía que leí un día, de que si le das hasta una simple reprimenda te pueden meter hasta en galeras, jajaja, así que ya me dirás...

un abrazo

Jesús Arroyo dijo...

Así es!!

En cuanto a lo del pescozón... ¿se lo damos al papá? o ¿a la coordinación del ambulatorio? ¡A los dos! porque al nene... ¡pobre! si es la educación qe se le da ¿no?

Saludos.

Sara dijo...

jejejeje, eres grande...que risa he pasado contigo, pareceía tal cual, que estuviese yo en mi Centro de salud, parece ser son todos igual, por como lo has descrito.¿Y te tomó la tensión? seguro que la tenias alta de los mismos nervios....no fue a más verdad? te encuentras sanote?

Abrazotes y achuchones y cuidate, sobre todo esa tensión jejejeje.

Mediterráneo dijo...

Hola Jesús, te visito hoy por primera vez (te he conocido atraves de mi querida Sara.
Veo que tienes un blog muy interesante, volveré con tu permiso

Muy bueno tu post del "médico", así andamos todos cada vez que tenemos que ir a esas consultas, que más que eso son: "entra y sal rapidito que tengo prisa".

Una vez le escuche decir a un abuelo: "Estos de ahora no son médicos ni ná, pá médicos los de antes que esos si que estudiaban"
Ay! reminiscencias del pasado, jaja

Mis saludos

Jesús Arroyo dijo...

Mediterraneo:
Llegas desde esa higuera desnuda pero llena de vida... Llegas desde Sara, parte de mi Asturias del alma... Y llegas desde el mar Mediterráneo, ese pedacito de gloria donde reposa siempre mi cansancio...
Nada te pido y si te pidiera, no podría pedirte más.
Un beso y nos seguiremos viendo.

Sara:
¡Ves! me has servido para traerme a nueva compi. Es parte de ese mar sosegado donde reposan mis cansancios. Gracias.
Un besazo.

Terly dijo...

¿Y te la tomas, Jesús? Me refiero a la tensión. Mira que con estas cosas no se juega y además no avisa. Nosotros, Jesús, los que ya hemos pasado de los 85, debemos estar a sopitas y buen caldo y la temsión siempre controlada. Ojo, lee bien, he dicho la tensión y no la televisión porque esta última ya se encarga de controlarla la parienta.
Un abrazo.

Merce dijo...

Yo al médico intento no ir nunca, a nos ser que esté al borde de la muerte... y es que mira que son unos sitios de los más desagradables...

MarianGardi dijo...

Super simpatico este relato.
Un abrazo

Jesús Arroyo dijo...

Terly:
Uno, que es hipertenso de profesión, cuida de no alarmar a su doctora en momentos como aquel...
Un abrazo.

Merce:
Solo lo necesario, que luego nos ven cosillas...
Besos.

Marian:
Gracias por tu visita.