lunes, 16 de febrero de 2009

"DESPISTADO"


He contado decenas de veces que mi rincón preferido de la casa es este en el que escribo, leo, miro y veo… Por cierto, mirar y ver no es lo mismo, es como oír y escuchar, donde la dirección de los ojos es compañera del tímpano, pero nunca fijan sentimientos. Volvamos a mi lugar de casa. Una pequeña galería donde los nuevos y viejos libros siempre me esperan, donde este usado ordenador testifica mis letras y desde donde miro, sin ver, aviones que, a diario, dejarán en tierra unos cuantos miles de ex-viajeros, pero también es un lugar mimado por trinos, niños y ancianos de garrota retorcida y tengo la suerte, otras veces no y ahora pasaré a explicarlo, de escuchar a estos protagonistas… trinos, niños y abuelos de garrota retorcida.

El tema es que una buena, por soleada, mañana del mes de mayo, no recuerdo el día exacto, en el bloque vecinal que hay a la derecha de esta viva y blanca galería, en el único edificio que tengo el disgusto de tener cerca, junto a la caseta del ascensor que hay en su tejado y entre dos chimeneas de calefacción, vi revolotear un pájaro poco común por esta zona. A diario veía palomas, ahora veo tórtolas, gorriones, mirlos, urracas, verderones, algún jilguero mosqueado, pardillos, golondrinas, vencejos veraniegos y esas majestuosas cigüeñas que nos son fieles durante todo el año. Pero no, este pájaro de tamaño medio no era ninguno de ellos. A toda prisa fui al cuarto de estar buscando unos cansados prismáticos, cansados porque tienen mucho campo y muchos años, los saque de su funda, destape las lentes y apunté en dirección a aquel tejado. La sorpresa fue mayúscula, se trataba de un halcón peregrino, mi ave preferida por su línea, color, velocidad… En su pico traía una peluda presa, por lo que imaginé que entre aquellos ladrillos se encontraba un nido con algún polluelo. Tenía dos opciones, llamar al ayuntamiento y que algún operario con chaquetilla mimetizada y botas de senderismo les fastidiara su tranquilidad con anillas, transmisores, análisis de sangre y demás barbaridades o seguir mirando y viendo aquel maravilloso animal dejando a todo el mundo tranquilo. Opte por la segunda. Creí que era una posibilidad, casi segura, de seguir disfrutando de aquel alado atleta y maestro del picado.

Gracias a los prismáticos, tenía al animal tan cerca que podía distinguir hasta las plumas descolocadas de su cuerpo. Bajé mis brazos para que mis ojos descansaran un momento y… segunda sorpresa de la mañana; la señorita o señora o jilguera mosqueada del ático, la vecina inferior del halcón, me miraba con gestos de impaciencia, serio enfado y seguras ganas de darme un pescozón, incluso algún dedo corazón levantado y cortes de manga a granel. Yo abrí la ventana para indicarle, por señas, que no trataba de mirar su esplendida figura de bella dama, ¡vestida! sino la de un perfecto pájaro que hacía de natural vigía en su tejado, pero, por muchas indicaciones que trataba de dar… no me creyó ni por un momento. Con aquel enfado se metió en su casa y yo, avergonzado sin tener que estarlo, pero soy así de tontorrón, dejé prismáticos y halcón.

A los pocos días, seis o siete, recibí una citación del juzgado. Tenía que presentarme porque una buena vecina del barrio había presentado una denuncia por causas… inexistentes. Allí me presenté sin abogado alguno, no creí necesario gastarme un euro en defensas ya que aquello sonaba a chiquillada fácil de aclarar. Según contaba a la jueza con todo detalle lo sucedido en aquella primaveral mañana, iba viendo su cara de incredulidad y eso que jueces y magistrados son como los jugadores de mus, solo hacen gestos cuando quieren indicar algo a sus compañeros de sala, para, al final, tener que rogar que un funcionario, aunque fuera el de la chaquetilla mimetizada, acudiera a inspeccionar el tejado de la apuesta, cursi, estúpida y creída vecina.

Así lo hicieron según la notificación que hace unas horas he recibido por correo certificado y acuse de recibo.
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De aquella visita del peregrino hará dos años próximamente, dos años en los que mi vida ha dado un giro espectacular. Desde mi galería ya no veo, ya no miro, no me atrevo, solo escucho, escribo y leo y si salgo a la calle, la mitad de mis vecinos me señalan como un acosador enfermizo. Al menos me ha llegado la nota, me la colgaré al cuello, indicando que en aquella caseta de ladrillo visto había plumas de tres halcones peregrinos, una hembra, una cría y el protagonista de esta historia, ese que, ahora, vive con su familia en el “Centro de Rapaces de la Sierra Norte de Madrid” y al que han puesto de nombre “Despistado”.
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Jesús Arroyo
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16 comentarios:

Jesús Arroyo dijo...

Por cierto!!
Puedo y debo aseguraros que la vecina del ático no es tan atractiva como la chica de la foto. ¡Vamos! que más quisiera ella, ni enfadada siquiera.

María Narro dijo...

he soltado unas buenas carcajadas que luego se han HELADO.

¿por qué leches se nos prejuzga?

creo que es el deporte favorito de la sociedad y de los que se creen 'perfectos'.

un abrazo.

Shikilla dijo...

Supongo que nos es más fácil pensar mal porque la normalidad se ha vuelto bastante anormal. Ahora nada es lo que parece y cuando lo es, no nos lo creemos.

Besos

Sara dijo...

Me suscribo totalmente en lo que te dice shikilla, ¡que fuerte!!!!no salgo de mi asombro y es que... cada vez más, lo que hacemos los "humanos"si algo nos queda de eso, es que la realidad supera casi siempre la ficción.
Pedazo de bruja insípida, tenia que haberla cogido ese halcón ,y darla un paseo por la ciudad a la so bruja jejejeje.
Abrazote y cuenta como queda este asunto.

Terly dijo...

¡Qué fácil es pensar mal y qué difícis es reparar el daño que se produce!
Lo malo es que estamos viviendo una época muy escabrosa en la que una gran cantidad de las veces que se piensa mal, se acierta y otras, sinembargo, pagan justos por pecadores.
Un abrazo.

Jesús Arroyo dijo...

María:
Así somos María. Tenemos que estar preparados porque cada día es más fácil encontrarnos con personas de este tipo.
Besazos.

Shikilla:
Hay que desconfiar por decreto ley. Eso es lo que parece mandar hoy. Aunque, como no estés preparado...
Un beso.

Sara:
Nada, si supieras lo que se divierte uno pensando en estas cosas...
Besos.

Terly:
Esa es la sociedad actual, tú lo has dicho. No se piensa en la persona que hay frente a nosotros. Se hace el mal como podría hacerse el bien. Menos mal que aún quedan muchas personas sensatas.
Un abrazote.

Lucía dijo...

Anda...¿qué no es un relato?
Pues estamos buenos, vaya con la vecinita y si encima no es como la de la foto.
¡¡Mira que te tengo dicho que los prismáticos no se sacan!!
Con las locas/os que andan sueltos por ahí.
Espero que sea sólo eso: un relato.
Besazos mil.

Jesús Arroyo dijo...

Lucía:
Realidad o ficción, ese es el secreto con el que se escribe. Si te digo que veo a la vecina diariamente, tal vez y solo tal vez, te mienta, pero si te digo que es ficción... ¿qué piensas?
Besos mil.

Lucía dijo...

Si me dices que es ficción...te doy la enhorabuena por algo tan bien escrito.
Pero si no lo es...pues que anda por ahí la gente con muy mala uva.
¡¡Sepas que pienso enterarme:D!!
Besazos mil.

Jesús Arroyo dijo...

Vale Lucía, vale. Pregunta en vivo y se te responderá. jeje.
Besos mil.

DAISY dijo...

ayy qué fuerte!! qué cosas te pasan!! si es que hay que tener un cuidaó, ir con pies de plomo!! pero aclara el tema: verdad o no?? besazos!!

Blue dijo...

sinplemente e sonrio.
abrazos
Blue

Jesús Arroyo dijo...

Daysi:
¿Por qué crees que debo aclararlo? ¿No piensas que es mejor dejarlo así? ¿Ha de ser realidad todo aquello que escribimos? ¿Ficción acaso?
Bueno, creo que te he respondido ¿o no?
Besos cien.

Blue:
Me alegro de esa sonrisa.
Saludos.

Julio Castelló dijo...

El otro día te dejé..., te quise dejar un mensaje, pero me salió una ventanita de 'acción duplicada' o algo así. De modo, que, como estaba previsto, hoy duplico, en efecto, la acción, pues compruebo que no te llegó mi comentario. Un comentario bien simple, por otra parte. Venía a decir que me reí un montón con tu perfecto relato de los disparatados aunque inocentes sucesos. En fin, que me encantó la historia y que me sigue encantando.
Un abrazo.

Jesús Arroyo dijo...

Julio:
No se el motivo de esas ventanitas puñeteras, pero nada, no te preocupes. Son estos interneses que hacen lo que quieren.
Un placer tener un lector como usted, caballero.
Un fuerte abrazo.

Tesa dijo...

Creo que tienen halcones en los aeropuertos para que los pájaros se mantengan alejados de los motores.

Tal vez tu vecina se consiguió uno para poder denunciar, y que constara por escrito, que seguía siendo tan deseable que un vecino espiaba su cuerpo con prismáticos.

Muy bueno el relato.

Besitos, te sigo leyendo.