lunes, 22 de junio de 2009

¡ SERÁ NATURAL !


Al día siguiente, creo, comencé a darme cuenta de lo ocurrido. Mi madre estaba en casa después de once meses. Mi hermana regresaba tras la jornada laboral. A mi me aprobaron el curso diciéndome que la familia necesitaba un varón.

Cuando recogí las notas de Junio, sentí aquella artificial palmada en la espalda y ese comentario “tu familia necesita un varón” que me enseñó a desconfiar de palabras estudiadas. Se trataba de Don Luis, el director del colegio Castilla. Sin embargo, Loli, la rubia y ecologista profesora de historia, lloraba silenciosa al mismo tiempo que sus labios se fundían con mi mejilla. Isidro sonreía, un gesto tranquilo inundaba el rostro de aquel maestro de literatura al que apodamos, sin serlo, fray y que consiguió, entre colecciones de obras resumidas y trabajos manuscritos en aquellos pliegos cuadriculados, mi actual pasión por lo literario.

Salí acompañado por los hermanos Martínez Checa, Eduardo y Roberto, mis inseparables amigos del barrio, y al despedirnos, una sensación especial, distinta, calor tal vez, recorrió mi cuerpo. Quise pensar, conseguí creer, que me esperaba en la puerta de aquel colegio situado en los bajos de un edificio, tendiéndome, como acostumbraba, su mano en silencio. Miré a la izquierda, era su camino de siempre, pero no estaba. Volví mi cara a la derecha y esperé, aguardé un par de minutos su llegada pero los hombres que se acercaban eran trabajadores del almacén de la compañía eléctrica que teníamos como vecinos. Me dio por fijar la mirada sobre mis pasos mientras regresaba a casa, apenas trescientos metros separaban el colegio Castilla de mi domicilio. Subí las escaleras esperando verle sentado en su taller, como tantas tardes, pero aquel espacio lleno de relojes destripados y minúsculas herramientas, encontraba su ausencia. Por primera vez eché de menos sus exámenes caseros sobre la complicada tabla del siete, sobre Ataúlfo y Sigérico o sobre los afluentes del Ebro.

Llegó Septiembre y, voluntariamente, me fui interno a un colegio marista para realizar mis insípidos “segundos estudios”. Aquellos llamados religiosos fueron culpables, que le vamos a hacer, de un completo rechazo a todo lo relacionado con la iglesia, no con algunos hombres, como el hermano Julio (no confundir con Julián), que años más tarde fue asesinado en un campo para refugiados en Zaire y que, visiblemente y sin pedir nada a cambio, ofrecía su trabajo a los demás. En las primeras tardes de aquel internado, al terminar las clases, me llegaba la misma sensación. Esperaba en la puerta su llegada hasta que comprendía que si no podía acudir al colegio Castilla que estaba a pocos metros de casa, como iría a ochenta kilómetros de la misma. Y nuevamente me pasaba, en cada repetido insulto del hermano Julián; en aquellas noches que intentaba dormir en el patio central del colegio, sobre una mesa de ping-pong, porque el hermano Julián aplicaba su castigo al descubrirme fumando o con la luz de la mesita encendida para conseguir aprobar el examen del día siguiente; cuando el hermano Domingo dejó que perdiera el conocimiento en el pasillo de la sala de estudios tras marcar el termómetro cuarenta de fiebre; cuando tenía que correr, en pijama y a una temperatura de cuatro bajo cero, alrededor del campo de fútbol porque el hermano Julián no entendía mi negativa para acompañarle a su dormitorio; siempre el rubio y guapo hermano Julián… Cuando, en definitiva, mi soledad buscaba su presencia.

Desde entonces, ya se han cumplido treinta años de su viaje, he tenido esa misma sensación cada vez que algo ha comenzado o terminado en mi vida. Cuando me casé, cuando nació mi hija, cuando mi madre salió en su busca… ¡Será natural!


Jesús Arroyo

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14 comentarios:

princesa_ dijo...

Parece que la edad temprana a todos nos marca de alguna manera.
Y..desde mi Asturias en la que resido de siempre, y como medio-tocaya por algo de la asturianía te diré que por supuesto...
"yé lo más natural".
Un beso de una princesa_ asturiana que...dibuja corazones en el cielo por no dibujar nubes.

Sakkarah dijo...

Nunca te dejará su recuerdo, pero es bonito tenerlos.

Yo recuerdo mucho al mío...

Muchos besos.

Jesús Arroyo dijo...

Princesa:
He visto que compartimos algunas cosas; el amor por escribir, posiblemente por leer, la tierra verde y de agua y eso que tanto molesta a muchos y que se llama fibromialgia.
Un beso.

Sakkarah:
No hya un solo día que no le recuerde.
Besazos, guapa mía.

Emilio dijo...

Jesús:
Entrañables recuerdos en la primera parte nos relatas y tremendos en la segunda parte.

No me hables de colegios de curas, aunque yo nunca fui a ninguno (sí un par de años a uno que el director era dirigente de la Falange) cúanto daño han hecho a unas cuantas generaciones esos hipócritas que se decían cristianos a sí mismos, nada más lejos de la realidad. Menos mal que se les acabó el cuento, mira cómo andan ahora los obispos como locos pidiendo la X de la renta.
En cuanto al Julian ese y a cientos como él, mejor me callo, que aunque yo hablo poco, para estas cosas tengo la lengua muy larga y mu venenosa; espero encontrármelo en el infierno (¿o ya no existe? es que estoy un poco desfasao).

En cuanto a tu fibromialgia no lo sabía y lo siento mucho (conozco de cerca algún caso); yo que estoy a menudo con lumbalgias y dolores reumáticos pasajeros (horas y horas de trabajo sentado delante del ordenata) me imagino que en fase más grave es un suplicio.

En fin, Jesús, espero que mejores y un fuerte abrazo.

Jesús Arroyo dijo...

Emilio:
Bueno, podría aplicarse la famosa frase... "de todo hay en la viña del Señor". Yo no creo en la iglesia pero sí en las personas y en su conjunto las hay muy buenas (los muy delgados) buenas (los delgados) normales (los de peso medio) malos (los gruesos) y muy malos (los muy gruesos). Ahora, véase una manifestación de ellos (ejem, ejem...) Cierto es que el hermano Julián era más malo que un dolor fibromiálgico, jeje, y pesaba menos que un jilguerillo con hambruna.
En cuanto al tema fibro, no pasa nada, creeme. Está tan superado como lo de las canas, jeje. Cuando llega solo hay que esperar a que pase.
Gracias y un fuerte, fuerte abrazo.

DAISY dijo...

la cotillona aquí está alerta!! qué recuerdos tan marcados a fuego, verdad?? un beso enorme!!

Lucía dijo...

Recuerdos, formando parte del viaje del vivir. Pelin mala uva ese Julián..
Has construido un bonito relato de algo con sabor agridulce.

Con lo otro, un stop y pá lante;)
en eso eres un experto.
Besazos dos mil, ale.

Antonio Javier Fuentes Soria dijo...

Recuerdos que marcan, y que nos haces vivir de esta manera tan intensa, poniéndonos tu piel como traje para hacer de estos recuerdos algo nuestro. Tu forma de escribir, de transmitir es, por naturaleza, sobrenatural

Jesús Arroyo dijo...

Daisy:
Mejor no olvidar.
Besos cien.

Lucía:
¿Puedo cantarte la canción? "No pares, sigue, sigue, no pares, sigue, sigue ¡no pares!"
Respecto a lo del personaje éste de Julián, que quieres que te diga, una verdadera mala persona y un perfecto vicioso. Hace años, fui a aquel colegio para contratar dos electricistas en prácticas (estudiantes de último curso) y no quisieron darme ninguna pista sobre él. ¿Motivo?
Besos mil.

Antonio Javier:
Vamos, que me estás llamando fantasma por la cara, jeje. Es una broma, es una broma.
Amigo mío, hay relatos tan vivos como ranas en charcas de primavera.
Un abrazo.

PIZARR dijo...

Jesús, acabo de descubrir que compartimos algo más que el amor a las letras, al mar y a los caminos... algo un poco menos agradable...

Y veo que además compartimos la ausencia de un padre desde niños.

Tus letras de hoy me han traído recuerdos del Colegio de La Salle al que acudía mi hermano y las cosas que siendo mayor nos contó, porque de niño no se atrevió a hacerlo.

Tenía apenas 7 años cuando murió nuestro padre y entre tanta mujer, abuela, madre y 3 hermanas debía de ser complicado en aquellos tiempos sincerarse.

Un beso desde los Sueños
Respecto

Jesús Arroyo dijo...

Pizarr:
Yo tampoco abría la boca en casa. En el colegio sí, cada vez que algo no me gustaba y... ¡así me fue! Magdalenas mohosas = Jesusito castigado. Solicitudes de visitas sospechosas = Jesusito castigado. En una ocasión del primer curso, al hermanito Julián, tutor de primero y quinto, no se le ocurrio otra cosa que decirme, al yo confundir mediatriz y bisectriz, que le preguntara a mi madre por las líneas y ángulos de la calle... intenté partirle la cabeza, pero era un niño y me tuve que conformar, ante su sonrisilla, con romper la mesa. Esto me sirvió para estar una semana expulsado y como no quería que nadie se enterara en mi familia, pues... me quedé durmiendo en los jardines del colegio 4 noches. La primera noche pasé más frío y más miedo que un perrillo chico, en la segunda, los alumnos de último curso, me bajaron dos mantas a escondidas. En la tercera tuve la compañía del alumno que me dio las mantas. En la cuarta, la mitad de los alumnos de quinto curso estaban allí. Les habían castigado por intentar defenderme. Aquí hay varias lecturas, me castiga un "piiii" de personaje por algo que... nadie informa a mi familia, dejan que duerma en unos jardines en plena sierra y mes de Febrero y ante la denuncia de algunos alumnos... les pagan de la misma manera. Esto se hacía en el colegio marista de Buitrago de Lozoya.
Bueno, ya ves que me he calentado. Besazos.

Tesa dijo...

Las monjas eran otra cosa, les encataba humillar a las niñas pobres, a las desvalidas, y castigar a las rebeldes.

Cuando los viernes hacían el recuento de cruces pora repartir castigos, destrás de mi nombre se añadía: "infinito, todos los castigos"

Siempre me parecieron unas mujeres extravagantes y raras, no me las tomé muy en serio. Me cayó alguna torta al descuido, pero luego aprendí a trepar a los árboles y corría mucho.

Lo libros fueron mi consuelo, donde yo moraba y donde esperaba vivir cuando dejara el internado. Me salvaron.

Qué tiempos, Jesús, y que relato tan evocador y tan crudo.

Muchos besos.

Ariadna dijo...

A mi me faltó mi madre, y todavía me falta, y ya hace más de 40 años, y me va a seguir faltando. En eso jamás voy a crecer.

Ariadna dijo...

Gracias a Dios, que no tiene culpa el pobre de lo que algunos de sus representantes hacen en este mundo de locos, jamás fuí a colegios religiosos. Algo es algo.