domingo, 20 de enero de 2013

La Lirios con anillo en la diestra


Podría contarle, querido lector (y cuento), que la Lirios no ha sido feliz ni la tarde en la que por megafonía de una iglesia de humilde barrio madrileño, sonaba el Ave María de Haendel y ella vestía de blancos tiros largos… y puros (los tiros largos, quiero decir). Créanme ustedes que si en el cassette (no había órgano) hubieran puesto una cinta de los Chichos (con todos mis respetos hacia ellos) aquello habría sido mucho más… natural.
¿Motivo? De todos es sabido que al roro que en su nacimiento se le viste con mantilla bordada de envidia y  sin seda natural pues…como la mona, envidiosa se queda y eso es lo que le pasó hace ya cuarenta y… años.
Puedo decir esto con conocimiento de causa porque, aunque creo que no estuve allí, conozco a “su mecenas” como si le hubiera parido, vamos, que somos mucho más que buenos amigos, mucho más que amantes, mucho más que uña y carne, mucho más que… y Mecenas dejó de serlo, en primer capítulo, cuando en el avión Río-Madrid, le volvió a decir que no se casaba si él se fugaba con ella a parajes donde todos les vieran. Sí, porque eso también le gustaba a la Lirios, que la vieran y que se hablara de ella aunque fuera mal. Claro está que la respuesta de Mecenas fue un segundo y tajante NO. Entenderá el lector que con ese parentesco tan cercano y tan político…
Llegó la tarde de la boda; se casó con Fernando José, se cenó en abundancia y poca calidad, la Lirios lloró también en virtual abundancia, se largaron a un hotel junto a la céntrica calle Montera y dos días después, se fueron de viaje de novios al santo caribeño donde todas las parejas, en aquellos años, aterrizaban. Por cierto, nunca he entendido el motivo por el que se le denomina “de novios” a ese viaje, si la pareja ya está casada como mandan santas madres.
A su regreso, santas madres esperaban tras el cordón del “no pasar”; una para abrazar a Fernando José y la otra para preguntarle a la Lirios por la recaudación de la boda (entonces las bodas eran negocio, me acuerdo yo...  de alguna). La Lirios se echó a llorar haciendo entender a su progenitora que aquello no iba a ser camino de rosas, aunque, curiosamente, sigue siendo la única pareja casada en esa amplia cepa de divorcios, pero eso es otra historia a contar.
Llegó un fin de semana de tranquilidad para Mecenas y su familia. Tras el desayuno del domingo, sonó el teléfono, y Marimó, esposa de Mecenas, dijo… “es mi hermana, que te pongas”. Quedaron el lunes por la tarde en una cafetería chupiguay de la periferia madrileña, lugar donde años después y sin ser casual, los hermanos de la Lirios montaron otro tipo de local chocolatero.
Se saludaron con dos besos de mejilla, de esos en los que los labios nunca rozan piel y se rascan ambos carrillos, se sentaron, pidieron un café con hielo y un poleo menta en copa de balón con mucho hielo picado y ralladura de lima al estragón, ya pueden imaginar la consumición de cada uno… y la Lirios dejó con desprecio un sobre de estraza sobre la mesa con una frase al aire “estas fotos te las he traído del Caribe. Yo es lo que quiero. Tú mismo. Ábrelas cuando llegues a casa y no esté mi hermana. Ya me dirás”.
La temática de aquellas fotos, naturales de verdad… para el próximo lunes. ¿Les parece bien?

copyright Jesús Arroyo ©


8 comentarios:

Manuel dijo...

Querido Jesús: La historia de hoy flojea de morbo. Queremos carnaza!!!.

No, en serio. No puedes darnos para toda una semana lo que ya sabíamos. Que P.ton-Lirios acababa en los altares con su Fernando José estaba cantado. No querrías que acabase con Mecenas, ¿verdad?. Ese pavo, al que al parecer conoces, sabe lo que se teje y donde sentar sus reales.

Pero toda una luna de miel, todo un "viaje de novios" (aunque no fueran ya novios y estuviesen santamente matrimoniados, AveMariadeHaendel incluido) sin que nos des algúin detallito, por nimio que sea, algún escarceo de la Lirios en donde el Santo del Caribe, un poco de teta, por dios!!!.

En fin, querido, tu sabrás lo que haces, pero o le echas carne al asunto o esto no vende ni de coña, eh?.

Al menos espero que en el próximo nos pormenorices el contenido de ese sobre de fotos, que seguro que son cosas guarrillas que la Lirios le quiso regalar a Mecenas... por si al fin caía.

Jesús Arroyo dijo...

A ti lo que te pasa es que te gustan los chismes de portería.

Esther dijo...

Chico duro el mecenas ese, que no sucumbe ante las malas artes de semejante elementa.
Esperaremos con el ojo en la mirilla al siguiente capítulo.
Besotes.

Maria Sanguesa dijo...

Manejas la narrativa con verdadera destreza. Me divierte mucho la mordacidad en la que sabes hacer derivar la ironía. Esperamos la próxima entrega...
Un abrazo.

Rosa dijo...

Este personaje que te posee en los últimos tiempos empieza a no tener suficiente contigo y nos está enganchando a los demás y encima lo cuentas tan bien...

Sería bueno que todo el mundo leyera de vez en cuando a tu Lirios, a ver si les sale una sonrisa, que es muy sano y cura las ganas de fastidiar a los demás.

Besitos

C. Lucía dijo...

¡¡ Bueno, bueno, buenooo...!!
Coincido con Manuel, ¿cómo se te ocurre, dentro de una luna de miel, todo un viaje "de novios" pasar por el tema (conociendo a la Lirios) tan light..., no, no, queremos algo más...y mira sí,nos gustan los chimes de portería;))

Como bien dice Rosa ¡enganchas!, si ya apuntabas maneras, ya, jejeje.

No creo que mis virus resistan una semana para saber más, por diog adelanta argo.

Besazos mil, chico guapo.



PD: En el tema de las foticos...un pelín más explícito, porfas.

impersonem dijo...

Excelente, tu agilidad con el lenguaje es admirable... un texto muy dinámico, de cada frase surge un fotograma.

Saludos.

Jesús Arroyo dijo...

Nopuido, nopuido...
Gracias, chicas/os.