
Adivino a las fieras que acechan mis heridas,
que se acercan y huelen mi sangre coagulada,
que intentan romper las capas de piel cada noche
y esconden su silueta entre la sumisa niebla.
Por ello me paro, giro la mirada y huyen
a jardines de cactus con púas supurantes,
a grutas de alabastro y arcilla en sus calados.
Rejas de un zoológico esperan sus mordiscos.
No seré yo el que, vestido de ayer, pague entrada.
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Jesús Arroyo ©
2 comentarios:
No hay mejor cosa que mirar de frente a los fantasmas, para hacerlos desaparecer.
Un buen poema también es capaz de ahuyentar esos ectoplasmas más que dañinos.
Feliz año.
Más vale prevenir :)
Un saludo
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